El gato que estaba merodeando busca altura para evitar un encuentro cercano indeseable, quizá hasta para evitar los ladridos. Lo entiendo; me molestan los ladridos cerca y me gustan lejos. Los animales anuncian solamente cosas importantes como la lluvia o la muerte. Recuerdo los paseos por el campo de mi abuelo dónde aprendí que leyendo el viento y el horizonte se puede saber si hay que ponerse ropa impermeable/sombrero o basta salir de casa con un buen chaleco. Es importante abrigarse cuando hace frío.
Que rico sería para que el pasto se ría, las ramas de los árboles se carguen de tórtolas y mi abuela me diga:
- ¡Justo ahora que se pone a llover se te ocurre salir a caminar! ¿Quién te entiente a ti oye... cabro? Abrigate eso sí, detrás de la puerta está la Parka y el gorro de tu Yeyo.
Aperado salgo a sentir la humedad de la tierra, caminando sigo las huellas...
Alguien grita mi nombre o simplemente lo pronuncia y yo lo escucho como un grito. Hay que partir. "No hay mejor motivo para irse que no tener motivos para quedarse". Uno, dos, tres, cuatro y yo cinco. Arriba. Vamos en dirección hacia el sur, debo encontrar la ruta. Esta vez iremos lejos, eso sí, no lo suficiente para lograr salir de esta realidad y entrar en otra.
Primera, segunda, tercera, STOP. Verde, a la derecha y a la derecha y derecho. Sigamos así y veamos qué pasa.
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